domingo, 21 de agosto de 2011

Tamara de Lempicka



Glamour, pasión, refinamiento y una percepción deliciosa de la elegancia, fue lo que me transmitió,Tamara de Lempicka.

Una mujer que telegrafía sus cualidades y gusto por vivir inténsamente, en su vida y en su pintura.

Un manejo extraordinario del color, entre neocubismo refinado y art deco, otorgándole un aire aristocrático y libre a su pintura. Renunciando a temas profundos y transmitiendo ¨La alegría de vivir ¨ de la Belle époque, (1890-1930) que fue la época que le tocó vivir con intensidad.


Entregándose a la forma, y a la frivolidad de su época, seduciendo al espectador, con temas sensuales, salpicados con un toque andrógeno, a veces un tanto lésbico, de enorme independencia creativa y sensualidad.  Transmite en sensaciones tangibles, los sentires de su época.

Desde el momento que entras a la exposición temporal (México, Bellas artes), un vídeo transmite con amplitud su vida y obra, dando un referéndum del panorama, bastante ameno y completo. Así, habiendo escuchado y visto el vídeo, solo queda disfrutar con mayor intensidad ésta puesta.





Perfectamente seleccionada la secuencia de obras por el museógrafo, seducen tus sentidos. (Persona que se encarga de arreglar la secuencia y espacios de la colección, para alcanzar un efecto deseado)  Los colores, texturas, y refinamiento de las obras, impactan implacablemente desde un principio, como  ¨Autorretrato en Bugatti Verde ¨ que emana la exquisitez y refinamiento de la artista. Seduciéndonos la imaginación, la artista posa extravagante  en un auto de color verde esmeralda.


Posteriormente en la segunda sala, me dio la sensación que el museógrafo, seleccionó las imágenes masculinas para esta parte de la exposición.

Lo que llamó más mi atención fue, la pintura del conde Tadeusz de Lempicki, quien fué su marido en el tiempo que pintaba la obra. En ese entonces,  transcurrió el  divorcio, y en consecuencia Tamara, dejaría la obra inconclusa, intencionalmente dejando la mano izquierda del retrato sin terminar. Sin embargo, éste cuadro transmite una profunda admiración por el Conde, majestuosamente mostrado en refinada actitud, envuelto en un abrigo negro, él que acentúa su masculinidad y porte, ayudado por los trazos rectos del neocubismo.

Exquisito contraste de emociones transmite la artista, pasando de la admiración, al desdén y resentiminiento,  al dejar inconclusa la mano del conde en la pintura.
La parte final de la sala cierra con broche de oro, con pinturas que cautivan la atención del espectador. La sensualidad, equilibrio y manejo del color, proyectan las emociones del retratado en perfecta forma, gracias a todas las herramientas y recursos de tan extraordinaria pintora: Tamara de Lempicka.

Tres cuadros son extraordinarios: El primero de ellos, es una mujer de formas generosas recostada en un sillón, entallada en un neglige de satín rojo, donde telegrafía con toda sensualidad los detalles de las voluptuosas formas de la mujer retratada, jugando la pintora con los pliegues y lineas del satín, para lograr el efecto deseado.

La posición y mirada tímida y a la vez lasciva, emana un desnudo del renacimiento italiano, o a la maja vestida de Goya.


Las otros dos poderosos cuadros que me cautivaron al final del trayecto, fueron:

Una mujer de sensuales y encendidos labios rojos, enfundada en una mascada azul y gorro muy ad-hoc a la época de los veintes, con un poder cromático delicioso: El contraste de azules de la mascada, con el rojo encendido de sus labios.


Por último, el cuadro que bien puede ser la portada de su obra.

Una joven mujer es retratada en sensual vestido de delgadas telas, con un exquisito juego provocado por los pliegues y el viento. 

Aderezando esta imagen, la joven porta elegantes y entallados guantes blancos, que escalan por el antebrazo de la dama, cuyo apurado gesto, detiene el sombrero del efecto que causa el viento, haciendo travesuras en favor del ojo masculino. La pintora provoca al telegrafíar los sensuales pechos y tiernos pistilos de la joven.

Este exquisito momento, capturado por la artista, es percibido por el espectador con toda la fuerza que pretende la pintora.


Bella, moderna y elegante: Tamara de Lempicka, se adelantó a su época, pues bien, con esa imagen, podría representar cualquier campaña moderna de alguna línea de perfumes o tal vez, ser un icono de la mujer moderna: imagen por la que cualquier publicista desviviría.





                                    Para ver la obra de Tamara Lempicka clik aqui. o en imagenes







2 comentarios:

Leo dijo...

Gracias, Armando, buenísimo este blog en lo que respecta a conocimientos y cultura. Bellas pinturas.
Muchas gracias por compartir tus experiencias.
Saludos afectuosos.
Leonor.

Armando Diaz dijo...

Leo eres una lindura y tus comentarios siempre alentadores y positivos, te mando un beso con mucho cariño, Amiga bonita.

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